Estoy convencida de que alguna vez te has frustrado, y mucho, porque las cosas no han salido como querías. Y eso tiene un nombre: el apego al resultado y la creencia de que podemos controlarlo todo.

Verás.

Hace años que quiero ir a ver a Berto y Andreu Buenafuente. Me parecen súper buenos cómicos, pero no había suerte porque, cuando se juntaban, se iban a Madrid o Barcelona y llevaban años sin venir a Valencia.

Este año sí. La primera vez que sacaron las entradas me enteré un día tarde y, como era de esperar, no las conseguí.

Esta vez, hace poco, sacaron la ampliación de entradas el día X a las 12:00h.

Pues ese día X a las 12:00h yo tenía una reunión, mi pareja estaba en Valencia de visita y le pedí a mi hermano si podía hacerme el favor.

Que sea lo que Dios quiera, me dije. Si tengo que ir, es porque así será.

Al terminar la reunión, tenía tropecientos WhatsApp: las entradas ya están agotadas, me he quedado sin, y un “lo siento” de mi hermano que no había podido conseguirlas.

Y pensé, pues voy a entrar yo, a ver si tengo suerte.

Y nada más pinchar, me veo dos entradas juntas en grada. Ahí. Brillantes. Y me dije: ¡Ah sí! Estas llevan mi nombre… ¡Ni me lo pensé y las pude conseguir!

¿Cómo podía ser que media hora después de que todos dijeran que no había entradas, yo pillé dos?

No lo sé. Tan solo fluí. Si tenía que pasar, pasaría. Y pasó. Me desapegué del resultado y fue mejor de lo que podía haber sido.

De otra forma, habría tenido ansiedad, me habría enfadado con el universo por tener una reunión, la reunión no habría salido bien porque seguramente quería despacharlos rápido para poder pillar las entradas… Y el resultado, probablemente, habría sido quedarme sin ellas de todas formas.

Elegí el desapego y fue mejor.

Total, han anulado el show. Espero que Andreu se recupere pronto, yo mientras tanto a esperar. Hay un dicho que dice: “Que lo bueno se hace esperar…”.

Lo que me recuerda a un libro que estoy leyendo, el Enquiridion de Epicteto (sí, estoy adentrándome a la filosofía estoica). Y una de las frases que más se me ha grabado es:

“Hay cosas que dependen de nosotros y cosas que no dependen de nosotros.”

¿Y por qué te cuento todo esto?

Porque todos tenemos sueños y queremos conseguir cosas:

  • Crear una familia.
  • Conseguir una pareja.
  • Escribir un libro bestseller.
  • Convertirse en millonario.
  • Ser capaz de conseguir un negocio próspero.
  • Ganar el maratón X…

Y está súper bien y es súper recomendable tener esos sueños y querer cumplir esos objetivos. ¡Trabaja con ilusión por ellos! Pero recuerda la frase de Epicteto: solo controlas el esfuerzo, no el output.

Desapégate del resultado porque…

  1. Te permite disfrutar del proceso (escribir el libro, entrenar para el maratón) sin la presión asfixiante de la meta final.
  2. Cuando sueltas la necesidad de que sea exactamente como tú quieres, te abres a posibilidades que ni siquiera habías imaginado.

No solo conseguirás lo que quieres, sino que:

  • Puedes crear una familia de forma inesperada.
  • Disfrutar de escribir un libro y, a parte de bestsellerganar un premio.
  • Convertirte no solo en millonario, sino en la cara de un movimiento que estás creando.
  • Superar todas las expectativas de ese negocio, crear franquicias.
  • No solo ganar la carrera, sino hacer tu mejor marca personal y ser inspiración para otros.

Trabaja por conseguirlo, disfruta el camino, supérate a ti mismo y cree que ya lo tienes porque así, cuando llegue, será mucho mejor de lo que esperabas.

Si te obsesionas con el resultado (la pareja, la cifra de facturación, la medalla) y eso te paraliza o te hace odiar el camino.