Imagínate este ciclo: despertar en un lunes ya agotado, ver tu lista de tareas y sentir un nudo en el estómago. La misma frase, esa vieja excusa, vuelve a surgir: ‘No tengo tiempo’.

Hace poco, me encontré de nuevo en esa trampa (y esta vez, lo hice a propósito).

Hoy quiero que dejemos de culpar al reloj. Vamos a desmontar ese mito con un experimento personal que me costó la tranquilidad.

Verás.

Hace tiempo que no cojo un libro, los tengo ahí amontonados y los miro con culpabilidad. En realidad: No es una prioridad para mí.

Hace tiempo que no quedo con X persona porque no tengo tiempo. En realidad: Esa persona no es una prioridad para mí.

Me gustaría ir al gimnasio que estoy pagando pero no tengo tiempo. En realidad: No merezco cuidarme ni ponerme sano.

Tengo un trabajo muy duro, mi jefe es un explotador, por eso no tengo tiempo. En realidad: No estoy a gusto en mi trabajo y no tengo la fuerza para dejarlo. Me agoto y solo quiero irme a casa a descansar.

No tengo tiempo y tengo mi agenda ocupada hasta el 2027. En realidad: ¿De qué estoy huyendo?

Y aquí está el verdadero juego. El tiempo es el único recurso que se mantiene constante para todos: 24 horas. Cuando decimos “no tengo tiempo”, no estamos siendo sinceros; estamos diciendo “no es mi prioridad” o, más profundo aún, “tengo miedo de invertir mi energía en esto”.

Personalmente, llevo más de un año tratando de vivir con la agenda lo más vacía posible y fluir con la vida, lo único que tengo agendado son mis sesiones de yoga, consultas de nutrición y poco más.

Un ejemplo de mi agenda sería este:

Pues he querido hacer un experimento, desde principios de septiembre que he estado tratando de engañar a mi mente diciéndome que no tengo tiempo, y no sólo eso, se lo decía a la gente de mi entorno, a mi pareja, etc, para creérmelo ¿Cuál ha sido el resultado?

Este:

Sin darme cuenta, he llenado Octubre, Noviembre, he planificado un viaje a final de año y otro para marzo del año que viene. Además, ya me estaba organizando y tratando de copar el 2026, gracias que tuve un momento de lucidez y me pregunté ¿Que estoy haciendo?

Y no es sólo eso, estoy mucho más ansiosa y pesimista, me cuesta meditar y conectar conmigo.

De verdad, no me reconozco…

A donde quiero llegar es que a menudo, llenamos nuestra agenda de tareas “urgentes” y ruido que nos alejan de lo “importante”, esa vida que secretamente anhelamos. Es una estrategia inconsciente para mantenernos ocupados y no enfrentarnos a la valentía que requiere el cambio.

La pregunta no es cuánto tiempo tienes, sino en qué lo estás invirtiendo y por qué.

Detrás del no tengo tiempo se encuentra un montón de miedos y a su vez de potencialidades inexploradas.

  • Miedo al no soy suficiente. ¿Por qué no me demuestro hasta dónde soy capaz de llegar?
  • Tengo miedo al fracaso, a no aprender. Recuerda que detrás de cada fracaso aprendizaje siempre hay un éxito.
  • Si me ocupo dejaré de hacerlo. No me siento capaz de hacerlo.
  • Si no lo hago, me evito sufrir. Y también te evitas descubrir nuevas facetas tuyas.

Detrás del no tengo tiempo se esconde el miedo a descubrir quiénes somos, de lo que somos capaces de conseguir. Y es en el mismo vacío donde encontramos nuestro mayor potencial.

Hace poco Rosalía confesó sobre su nuevo disco: “Dios es el único que puede llenar los espacios si tú tienes la predisposición, la actitud y la manera de abrirte para que eso pueda pasar”.

No hace falta que seas creyente, llámalo Dios, Universo, Consciencia, Intuición…. La inspiración y la creación real no ocurren en el ajetreo. Ocurren cuando dejas un espacio libre, cuando te permites el lujo de no estar haciendo nada productivo. El “no tengo tiempo” nos roba esa posibilidad de conexión con algo más grande que el hacer, y ahí es donde reside nuestra verdadera fuerza creativa, el verdadero propósito, nuestro mayor potencial.

Es decir, Rosalía hace lo contrario. Busca tiempo. Busca vacío. Para encontrar su mejor versión, su potencial ilimitado.

Prueba escribir durante una semana, cada vez que digas o pienses “no tengo tiempo”, y justo al lado, escribe en qué SÍ has empleado ese tiempo. Te darás cuenta de que no es una falta de tiempo, sino una mala asignación (o un escape emocional). Así podrás empezar a mover esa energía hacia lo que realmente te construye y te nutre.