¿Te ha pasado? Creo que a todos nos ha pasado en algún momento determinado de nuestra vida.

Entras en un trabajo nuevo, ilusionada, con ganas… pero con el tiempo algo cambia. Empiezas a sentir que el esfuerzo que haces y el número que ves en tu cuenta no cuadran. Y entonces, suelen suceder dos cosas:

La primera: Pides un aumento de sueldo. Te lo conceden, ¡bien! Estás contento, pero al poco rato… plof. Continúas igual. Sientes que sigue sin ser suficiente y piensas: “¡Mierda! Ya no puedo pedir otro aumento ahora”.

La segunda: Como ya no puedes pedir más dinero, decides bajar el ritmo. Te pones “a la altura” de lo que cobras. Piensas: “¿Por qué voy a esforzarme si no me pagan lo que valgo?”. Intentas compensar lo que aportas con lo que te dan, haciendo lo mínimo.

¿Te suena esto? ¿Te has sentido así alguna vez? Contéstame con un SÍ o un NO, de verdad me encantará leerte.

Pues verás…

Con el tiempo, me di cuenta de que esta situación no era solo una cuestión de contratos, sino que estaba intrínsecamente relacionada con mi autoestima.

Hay un principio de la Ley de Atracción que dice: “No atraes lo que quieres, atraes lo que eres”.

Si yo no me valoro a mí misma, si en el fondo dudo de mi capacidad o siento que “no soy para tanto”, voy a atraer (y a aceptar) trabajos que reflejen exactamente esa falta de valor. Cuando el problema es de autoestima, ninguna cifra en el contrato será suficiente, porque estás intentando llenar un vacio interno con un ingreso externo.

Si tu no te das tu lugar, el mercado no lo hará por ti.

Hace poco empecé este emprendimiento porque me hice una pregunta que fue clave para mi: ¿Por qué alguien debería poner un precio a mi talento? ¿Quién es esa persona para dictaminar lo que valgo?

Ahí decidí ir por mi cuenta. Ver hasta dónde soy capaz de llegar en todo lo que me apasiona: crear, transmitir, comunicar, acompañar… ámbitos que me llenan y me hacen sentir realizada.

Y es que, volviendo a la Ley de Atracción, somos energía. Si vibras en abundancia (que no es más que tener la certeza de que con tus talentos vas a poder vivir y recibir dinero), las cosas cambian.

El dinero es una energía que no da la felicidad por sí sola. Lo que da la felicidad es el fin, el tiempo, el objeto o la experiencia que ese dinero te permite alcanzar. Por eso, el dinero es solo un medio, no un fin:

  • Si quieres acompañar a niños en su crecimiento, ese es tu fin.
  • Si quieres viajar por el mundo, ese es tu fin.
  • Si quieres tener tiempo para ti y los tuyos, ese es tu fin.

Para conseguirlo, necesitas el medio (el dinero), y para atraer el medio, primero debes ofrecer tu valor al mundo con seguridad.

Empezar a cobrar lo que vales no empieza en el despacho de un jefe, empieza en la imagen que ves cada mañana en el espejo.

¿Crees que tu sueldo actual refleja tu valor real o solo refleja lo que tú crees que mereces?