“Quién se junta con un cojo, al año, termina cojo y medio.”

Y cuánta razón tiene el refranero español.

Te voy a contar la historia de una joven que no estaba pasando por su mejor momento en pareja, había llegado el momento de tomar una decisión para ir un paso adelante en su relación. Y se encuentran en que ambos piensan y quieren cosas diferentes:

  • Ella quiere irse a vivir a un pueblo. Él a una ciudad.
  • Ella quiere vivir en su casa porque es más grande. Él en su estudio por comodidad.
  • Ella aún no quiere hijos porque tienen opiniones dispares y no está segura. Él quiere hijos porque sabe que ella es el amor de su vida.

Ella cede en unas cosas, él cede en otras, se quieren muchísimo pero no llegan a un acuerdo.

Para ella la estabilidad y tener una dirección es muy importante y para él, la familia (cerca de su estudio) y quererse es lo importante.

Así que ella le pide tiempo porque en decisiones tan importantes no se ponen de acuerdo y duda a futuro porque si en esas cosas no se ponen de acuerdo, imagina si tienen familia…

Pues bien, ¿Qué sucede a partir de ahora?

Ella le empieza a contar a sus amistades y conocidos el motivo de la ruptura ¿y que recibe a cambio? Consejos como:

“Tia, lo mejor que puedes hacer, todos los hombres son imbéciles”

“ No le des una oportunidad, que se lo curre, que se arrodille..”

“Lo bien que se vive soltera yendo de flor en flor”

Y con esto, ella cada vez se va alejando de él y de sus sentimientos.

No te están hablando a ti, le hablan a su propia herida

Aquí es donde quiero entrar, tenemos que tener un cuidado inmenso con a quién le abrimos el corazón cuando estamos vulnerables.

Esas frases que recibió no son consejos, son proyecciones. En esas palabras hay dolor acumulado, hay rupturas traumáticas no superadas, hay infidelidades grabadas a fuego y, sobre todo, hay mucha toxicidad disfrazada de apoyo.

Esa amiga que te dice “todos son iguales” no te está ayudando a decidir; está intentando que tú valides su amargura para no sentirse sola en su despecho. El problema es que su dolor no tiene por qué ser el tuyo.

La protagonista de esta historia y su pareja lo dejaron porque no se entendían, no porque hubiera falta de amor o traiciones. Pero si se rodea de personas que solo escupen veneno hacia los hombres o hacia el compromiso, acabará mimetizándose con ese discurso.

Tu autoestima puede quedar dañada por tu entorno

Cuidado, porque hay personas que, aunque te quieran, no están capacitadas para acompañarte en tu sanación. No hablan desde la empatía, hablan desde su propia herida.

Si estás en un momento de duda, no busques a quien te dé la razón, busca a quien te ayude a encontrar la tuya. Aléjate de los consejos que:

  1. Generalizan y atacan al otro.
  2. Te incitan a la venganza o al orgullo absurdo (”que se arrodille”).
  3. Te empujan a una libertad que tú ahora mismo no deseas.

Recuerda: si te juntas con alguien que cojea, acabarás caminando igual. Protege tu criterio, protege tu paz y, sobre todo, selecciona muy bien quién tiene el privilegio de escuchar tu historia. No todo el mundo tiene las manos limpias para sostener un corazón herido.

¿Te ha pasado alguna vez que un “consejo” te ha confundido más que ayudarte? Cuéntame, te leo.