Hoy quiero compartir contigo algo que no me deja dormir y que viene después de preguntarme: ¿Si estuviera en mi lecho de muerte y miro atrás, qué vería?
Sí, se avecina una reflexión profunda, así que estás a tiempo de marcharte si no quieres que te explote la cabeza o aburrirte, quién sabe.
La vida es efímera.
Y con suerte nos pasamos media vida sin hacer nada. Bueno sí, haciéndole caso a nuestros miedos o, peor aún, a lo que nos dicen los demás. Vivir una vida que no es tuya.
Claro, así estás a gusto porque eres aceptado; estás tranquilo en tu zona de confort. Tienes ambición, pero… ¿para qué moverte ahora si así estás bien? Entonces aparece eso que te hace ilusión pero postergas, procrastinas. No te atreves, no te sientes capaz, no te sientes suficiente o, yendo más profundo: no te sientes merecedor.
Y ahí estás. Llegas al final de tus días, miras atrás y dices: “Joder, ¿por qué no lo intenté?”
Tenemos una suerte enorme: LA SUERTE DE VIVIR UNA VIDA y la estamos malgastando por miedos que solo existen en nuestras cabezas.
A partir de ahora, me he propuesto un reto y quiero que seas testigo:
- Voy a dejar esos miedos en un cajón.
- Voy a probar y a vivir de verdad.
- Voy a soltar el control y hacer lo que nunca me atreví.
Y si por hacer eso entro en crisis porque mis miedos me apisonan, ¿sabes qué es lo peor que me puede pasar? Superar el miedo después del ataque. Nada más.
Aprovechemos esta vida, ese es el gran secreto.
Y tú, si hoy fuera ese último día, ¿de qué te arrepentirías de no haber intentado?
Cuéntamelo si te apetece, te leo al otro lado.

