Hoy quiero hablarte de los apegos, de esos lazos que creamos con las personas que, sin darnos cuenta, pueden limitarnos o, por el contrario, liberarnos.
Verás.
Cuando falleció mi padre marcó un antes y después en mi vida. Aquel día, el personaje que había construido se desmoronó por completo. Aquel personaje ya no funcionaba, ya no me sentía identificada con él. Mi padre era mi anclaje, mi figura de seguridad y mi roca, y al perderlo, un vacío tan doloroso se instaló en mi pecho que, en mi desesperación y en no saber como gestionarlo, traté de llenarlo con dopamina fácil.
Como es normal, me refugié muchísimo en mi pareja y poco a poco, lo que era un apoyo se convirtió en una dependencia. Sin darme cuenta, mi pareja dejó de ser solo mi compañero para transformarse en mi seguridad, mi estabilidad emocional… mi todo.
En otras palabras, mi autoestima, mi confianza, mi valía dependían enteramente de él.
Esto me recuerda a cuando estás en una relación y en el fondo sabes que tu confianza no es muy alta, pero te sientes valiosx y merecedorx porque la persona que está a tu lado te quiere. Pero, ¿Qué pasaría si esa relación se terminara?
¿Se produciría un quiebre existencial?. Te sentirías sin valor, con la confianza por los suelos porque tu pilar de seguridad ya no está. Y en ese momento, ¿qué haces? ¿Sales a buscar a otra persona que cubra ese vacío, convirtiéndote en alguien que “no sabe estar sol@”? ¿O quizás, ¿Decidirías navegar esto por tu cuenta?
Eso que describo es el apego tóxico.
El apego tóxico es el arma letal de la autoestima, una relación dependiente que, en lugar de potenciarte, te ancla. Las personas se convierten en un parche para tus inseguridades y tus heridas.
Pero, ¿cómo diferenciamos esto de un apego sano?
Un apego sano es completamente diferente. Se basa en la interdependencia, no en la dependencia. La persona a tu lado no es un parche, sino unx compañerx que te suma. Sabe que tú eres tu propio pilar. Y aunque te apoyes en ellx, tu felicidad y tu valor no dependen de su presencia. Si esa persona se va, claro que dolerá, pero tu mundo no se desmoronará, porque tu seguridad reside en ti.
Y, ¿Cómo podemos identificarlo?
Yo me hice esta pregunta ¿Qué pasaría si ahora mi relación terminara ahora? y sentí mucho miedo. No podía concebir la idea de haber perdido a mi padre y ahora a la persona que había decidido compartir mi camino de vida. Entonces supe que algo no andaba bien.
Otras preguntas para poder identificarlo pueden ser:
¿Necesito la aprobación de la otra persona para sentirme bien conmigo mismx?
¿Necesito la aprobación de la otra persona para poder tomar decisiones claras?
¿Siento miedo constante de que se vaya y me deje solx?
Somos seres sociales y necesitamos conectarnos, pero lo que realmente importa es la calidad de esas conexiones ¿Están sumando a tu vida o te están limitando?
Recuerda:
Cuando te atreves a enfrentar tus miedos sin compañía, sentirás que te ahoga la cobardía, pero en ese acto de vulnerabilidad se esconde tu mayor valentía.

