Puf. Hay algo que me enerva y mucho y son las personas que dicen “No puedo”, o “la vida es un esfuerzo”.

Los cogería y los tiraría por el balcón porque ya se han rendido. Han decidido no intentarlo, o simplemente no siguen el camino o están tan acojonados, tienen tanto miedo, que no paran de autosabotearse para continuar en el camino de siempre y que este esté justificado.

Y me jode porque yo también he estado ahí.

He estado en ese fango de “es que es muy difícil”, usando el esfuerzo como una medalla para no admitir que lo que tenía era un pánico atroz a brillar. Porque rendirse es cómodo, te quita la responsabilidad de encima. Si dices que no puedes, ya no tienes que demostrar nada.

Si te cuesta tanto la vida y piensas que es un esfuerzo es porque no te atreves a vivirla conforme quieres. Tienes miedo de dar un paso adelante, porque te puede más el miedo a fracasar que el intentarlo. Y eso es así.

Pero mira, te digo una cosa: la vida no es un esfuerzo, la vida es una oportunidad. Y tratarla como una carga es el mayor insulto que le puedes hacer a tu propia existencia.

Y me dirás: “Jope Marta, qué agresiva”.

Pues sí. Porque me duele ver cómo hay gente que prefiere pudrirse en el sofá de la queja antes que sudar un poco por lo que ama. A esa parte de nosotros que se sabotea y que busca excusas baratas para no vivir: A la mierda.

Prefiero mil veces a alguien que lo intenta y se estampa, que a alguien que no se mueve por si acaso hace viento.”

Así que hoy, domingo, te pregunto a ti que me lees: ¿Qué historia te estás contando para no saltar? ¿Qué excusa estás usando de escudo para no admitir que te mueres de ganas de ser tú mismo?

Aclárate. O saltas al vacío o te quedas en el balcón viendo como los demás viven. Pero deja de quejarte del paisaje si no estás dispuesto a moverte.