Hoy quiero hablarte sobre el arte que tenemos de complicarnos la vida.

Cuántas veces hemos dado vueltas y vueltas a un asunto que nos preocupa, y después del desgaste, ¿la solución era más simple de lo que creíamos?

El otro día, mi sobrina de 12 años me estaba contando que sus dos amigas estaban peleadas, y que una de ellas, que celebraba el cumpleaños, no sabía si invitar a la otra porque no se hablaban.

Entonces, mi otra sobrina, la pequeña de 4 años, que estaba escuchando la conversación, le suelta con la naturalidad de quien no entiende de dramas: «PUES CLARO QUE LA TIENE QUE INVITAR AL CUMPLEAÑOS, ASÍ SE PERDONAN.»

Así de obvio. De práctico. De simple.

¿Por qué nos complicamos tanto la vida?

Inconscientemente, hemos aprendido a convertir la sencillez en un problema. Creemos que para tener éxito, alcanzar la felicidad o resolver un conflicto, debemos trazar estrategias elaboradas y complejas. Y no nos damos cuenta que esta complejidad es un velo que nos impide ver lo obvio.

Tendemos a creer que algo no puede ser tan fácil como parece. Nuestra mente, programada para la supervivencia, busca el peligro y la dificultad en cada esquina. Nos escudamos en frases como:

«Es demasiado bueno para ser verdad.»

«Si lo hago así, ¿qué pensarán?»

«No es el momento adecuado.»

Con cada una de esas frases, añadimos una nueva piedrecita a nuestro camino. Estas «piedras» son, en realidad, las excusas que creamos para no actuar. Además de las excusas, caemos en la trampa del sobre-análisis. ¿Cuántas veces hemos pasado horas analizando un correo electrónico, una decisión o una conversación?

La parálisis por análisis nos deja estancados, drena nuestra energía y nos aleja de la acción. No se trata de tener todas las respuestas antes de empezar, sino de dar el primer paso y aprender en el camino.

El desafío no es buscar soluciones más complejas, sino confiar en nuestra intuición y aplicar la lógica de cuando éramos niñxs. Esa sabiduría innata que te decía que un abrazo es mejor que mil palabras.

El camino hacia nuestra mejor versión no es que sea fácil, sino que nos invita a confiar en nuestra brújula interior para seguir avanzando. Esta brújula es nuestra intuición, nuestra sabiduría innata. Cuando nos perdemos, no necesitamos un mapa complicado. A menudo, la solución más simple es la que nos saca del bloqueo: detenernos, respirar, y escuchar esa voz interna que nos dice el siguiente paso a dar.

No se trata de evitar los obstáculos, se trata de desaprender el miedo a lo complejo y abrazar la simplicidad del siguiente paso.

La próxima vez que te enfrentes a un problema, hazte esta pregunta:

¿Cuál es la solución más sencilla y la que tiene más sentido?

En este maravilloso camino llamado vida, el mayor arte es desaprender la complicación, no aprender a resolverla.

¿Qué paso simple puedes dar hoy para dejar de complicarte la vida en un área que te preocupa? Te invito a escribir esa primera respuesta que te venga a la mente. Es probable que sea la más honesta y útil.