Hoy quiero hablarte de los quiebres.
No de los pequeños dilemas cotidianos, ni de las decisiones que tomamos con dudas pasajeras.
Te hablo del gran quiebre, ese que sacude los cimientos de tu vida entera.
El que te deja mirando al techo por las noches, preguntándote quién eres… y sin encontrar una sola respuesta que te calme.
Ese momento en el que todo lo conocido empieza a desmoronarse:
El trabajo que ya no tiene sentido.
La relación que ya no vibra.
La identidad que ya no encaja.
Las amistades que duelen más de lo que acompañan.
Hasta tus sueños, incluso esos, se tambalean.
Y te crees que estás perdiendo la cabeza…
porque lo que antes definía tu mundo ahora ya no tiene lugar.
Porque el pasado te pesa y el futuro te asusta.
Porque estás en medio de la nada y de TODO al mismo tiempo.
Pero en medio del caos, ocurre algo increíble.
Se abre un espacio.
Un espacio en blanco, desconocido, sí, pero también lleno de posibilidades.
Donde por fin puedes empezar a construir desde ti.
Sin máscaras.
Sin exigencias.
Sin tener que demostrarle nada a nadie.
Empiezas a escuchar la voz de tu corazón,
esa que había estado silenciada por tanto tiempo.
Empiezas a seguir la intuición,
aunque no tengas ni idea de a dónde te llevará.
Y aunque el camino sea duro,
aunque llores, dudes, retrocedas,
algo dentro de ti sigue caminando.
Porque ya no puedes volver atrás.
Y es ahí, justo ahí…
cuando dejas de obedecer al miedo
y empiezas a confiar en ti.
Cuando ya no necesitas entenderlo todo,
porque sabes que sentirlo todo es más que suficiente.
Ese es el momento en el que nace tu verdadera libertad.
Cuando dejas atrás las cadenas invisibles.
Cuando sueltas.
Y agradeces, incluso por el dolor.
Porque sabes que ha sido parte del despertar.
Querido viajerx, si estás en ese lugar oscuro,
recuerda esto: no estás rotX, estás renaciendX.
Y aunque ahora parezca que estás en medio de la tormenta,
el sol siempre vuelve a salir…
y tú estás aprendiendo a brillar desde dentro.

