¿Alguna vez te has parado a pensar por qué, a pesar de todo tu esfuerzo y apertura, algunas cosas simplemente no fluyen en tu vida? ¿Por qué parece que el amor, el respeto o las oportunidades se resisten a llegar, incluso cuando sientes que los deseas con todo tu corazón? Hoy quiero que hablemos de una herida silenciosa pero profunda que muchos de nosotros arrastramos desde la infancia: la creencia de no merecer.

Cuando éramos pequeños y experimentamos el abandono, el rechazo, un padre ausente, el bullying escolar o la falta de valoración, nuestra mente, en un intento desesperado por protegernos del dolor, construyó una armadura. Esta armadura nos susurró una mentira: «No eres suficiente. No mereces lo bueno. Si te tratan mal, si no te valoran, es porque eso es lo normal para ti». Y así, sin darnos cuenta, interiorizamos que el sufrimiento era nuestro destino, una consecuencia lógica de nuestra supuesta «falta de valía».

Esta creencia de inmerecimiento se ancla tan profundo en nuestro subconsciente que termina moldeando nuestra realidad. Si no nos creemos merecedores de amor, por ejemplo, es como si tuviéramos un escudo invisible que repele a las personas que desean dárnoslo. Si no nos sentimos dignos de éxito, saboteamos inconscientemente nuestras propias oportunidades. Es un ciclo doloroso que nos mantiene estancados, preguntándonos por qué las cosas no salen como las hemos planeado, o por qué no encontramos a las personas adecuadas, a pesar de sentirnos «abiertos».

La verdad es que hay personas maravillosas deseando darte amor, respeto y apoyo. Pero si en el fondo no te crees merecedor de ello, las repeles sin darte cuenta. No es que no estén ahí, es que tu propia creencia las aleja.

Esta revelación, este darse cuenta, llegó a mí de una forma muy personal y liberadora: a través de la escritura. Fue al plasmar mis pensamientos, mis miedos y mis patrones en papel, en mi diario, que pude verme con claridad. Al leerme, pude desentrañar esa creencia arraigada y empezar a desafiarla. Descubrí que el primer paso para derribar ese muro de inmerecimiento es precisamente identificarlo y reconocer cómo ha operado en tu vida.

¿Estás listo para iniciar tu propio viaje de descubrimiento?

Te invito a que empieces a explorar tu propia historia. Si te sientes identificado con lo que te he contado hoy, te animo a dar el primer paso hacia una vida donde te creas digno de todo lo bueno que el universo tiene para ti.